La peste de las Naos: el escorbuto.

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Vitrina sobre el escorbuto – Museo Pabellón de la Navegación

 

“Pero por encima de todas las penalidades, esta era la peor: que les crecían a algunos las encías sobre los dientes – así los superiores como los inferiores de la boca -, hasta que de ningún modo les era posible comer: que morían de esta enfermedad.”

Antonio Pigafetta – Crónica del primer viaje alrededor del mundo, 1519 – 1522.

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Hoy en día, todos tendemos a tomar alimentos que están enriquecidos con vitaminas y minerales en la creencia de que son más saludables. Una dieta equilibrada puede ser suficiente para proporcionar al cuerpo todo lo que necesita pero la historia nos muestra que no siempre tenemos acceso a una alimentación adecuada.

El escorbuto o “la peste de las naos”, es una enfermedad causada por la carencia prolongada de vitamina C. Esta enfermedad es una vieja conocida de la humanidad – Hipócrates la describió en el año 400 antes de Cristo.

Hasta hace poco la causa del escorbuto era desconocida, aunque la sabiduría o la tradición popular decía que si se comían ciertas hierbas o alimentos frescos, los síntomas se podrían mantener bajo control.

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Tratamiento a bordo del escorbuto con zumo de limón.

El escorbuto se convirtió en un problema de gran importancia al iniciarse la Era de los Descubrimientos en el Siglo XV. Los marineros se embarcaban en travesías oceánicas que duraban varios meses en las que se alimentaban exclusivamente de comida en conserva, carne salada, frutos secos,  cereales, etc., carentes  totalmente de vitamina C. Y el cuerpo humano no es capaz de generarla a diferencia de otros animales.

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Los síntomas comenzaban con dolor en las articulaciones, moratones en la piel, encías hinchadas. Los dientes terminaban por caerse y comer se hacía muy doloroso, casi imposible, hasta el punto en que la debilidad se hacía extrema. El final era la muerte. Se estima, por ejemplo, que en la expedición de Magallanes sucumbieron 208 de los 265 hombres sólo por causa del escorbuto siendo la mayor de sus penalidades, como se aprecia en la cita de las crónicas de la primera vuelta al mundo de Antonio Pigafeta, que figura al comienzo de esta entrada.

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James Lind

Fue en el año 1.747 cuando James Lind, médico escocés que prestaba servicio en la armada británica, descubrió, experimentando distintas dietas a bordo del buque Salisbury, que el zumo de limón curaba rápidamente esta dolencia, supliendo con total garantía la carencia de vitamina C. Nadie puede calcular las miles de vidas que se salvaron gracias a la investigación de Lind.

En la exposición permanente del Pabellón se hace mención, en la Sala 3 dedicada a la vida a bordo, a los estragos que causó esta terrible enfermedad y se reconoce el mérito de James Lind como descubridor de los efectos beneficiosos del zumo de los cítricos para combatir sus efectos.

Canoa de las islas Fiji: una nueva pieza para la exposición permanente.

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Canoa islas Fiji Pabellón de la Navegación

EXPO’92, crisol de culturas del que se ha nutrido parte del actual contenido del Pabellón de la Navegación, vuelve a ser origen de la nueva pieza que se exhibe en su exposición permanente.

Tras el cierre de la Exposición Universal en octubre del 92, algunos de los países obsequiaron a la organizadora de la EXPO con elementos que se mostraban en sus pabellones; tal fue el caso de Fiji, un pequeño país insular que compartía el pabellón de Islas del Pacífico Sur con Kiribati y Vanuatu.

La exposición de Fiji recogía aspectos de las más de trescientas islas que forman el archipiélago, poniendo el acento en la cultura tradicional, en la variada fauna ornitológica y en su flora endémica (aparte, claro está, de su enorme atractivo turístico).

Entre los elementos expuestos se encontraba la tradicional piragua, fabricada con troncos de árbol ahuecados y cabos hechos de fibra de cocotero, que ahora mostramos en el Pabellón. Estas canoas eran  usadas como medio de comunicación entre las islas y para el transporte de personas y alimentos (recolectados o cultivados). Pero también tenían un importante papel en determinadas ceremonias religiosas y políticas y, sobre todo, en las guerras, que eran muy frecuentes en Fiji.

Las técnicas de la construcción de canoas eran variadas y existían diferentes tipos, aunque todas tenían un diseño similar. La materia prima era la madera y la fibras de cocotero. Así construían el Camakau, que era una canoa de pequeño tamaño, con doble casco, usada para la pesca o en pequeños transportes, o el Drua que era una canoa más impresionante usada en las principales ceremonias sociales y con las que podían hacer travesías de más de 1000 km entre distintos archipiélagos.

Esta pieza, construida por fijianos para la EXPO’92, con materiales originales de aquellas tierras, se muestra ahora al comienzo de la Sala 2 de la exposición permanente del Pabellón, que se dedica a la ciencia y la tecnología de la navegación. Esta ubicación responde a que el origen de estas embarcaciones es cronológicamente anterior a la primera nave oceánica  europea, la Carabela o la Nao, iniciando así el discurso de los contenidos de esta sala.