Descubriendo la exposición permanente III – Juan Pérez

ImagenJuan Pérez, el grumete; Juan Pérez, el condenado; Juan Pérez, el verdugo; Juan Pérez, la víctima. Hoy 30 de agosto, nuestra exposición permanente vuelve a darnos una lección sobre cómo han evolucionado algunos conceptos y cambiado a lo largo de la historia, en este caso, el de administración de justicia. De hecho, tal día como hoy en 1571, el marinero Juan Pérez recibió en su cuerpo una lección ejemplar, un castigo que no olvidaría para el resto de su vida. Fué sometido a la tortura de la “garrucha” o el trato de cuerda, que era una de las condenas con las que se trataban a los infractores de la justicia a bordo de los barcos. Era un castigo ejemplar para aquellos cuya conducta dejaba de serlo.

Juan Pérez fué acusado de clavar un cuchillo en la espalda a uno de sus compañeros. Los motivos que lo conducen a hacerlo quizás puedan parecernos bastante inconsistentes, pero a bordo de un barco y en una larga travesía, todo parece magnificarse. El hecho en sí es el robo de un trozo de pan, un fragmento de un bien muy preciado y muy escaso en los barcos que completaban las rutas atlánticas, donde el almacenamiento de víveres a veces se veía disminuido para conseguir más capacidad de carga de mercancías.

La administración de justicia a bordo de la nave correspondía al general de la flota, que tenía que ocuparse de que la buena convivencia imperase en todo momento en su barco, ya que una gresca o un motín podían acarrear funestas consecuencias para el éxito de la empresa. Por eso mismo, los castigos eran tan ejemplares, por eso los juicios eran tan sumarios y, normalmente, con graves consecuencias para el acusado.

Cuando vengas al Pabellón de la Navegación y te encuentres este cuchillo ensangrentado, presta mucha atención, ya que podrás asistir como un marinero más a la condena que sufrió este arrepentido marinero. Además, tendrás que ayudar a izar su cuerpo al palo mayor… ¿te atreverás?

Neil Armstrong, el último pionero

Neil Armstrong

Neil Armstrong

El avance de la humanidad ha estado plagado de fronteras que grandes hombres se han ocupado de cruzar. En estos últimos días tenemos que lamentar la pérdida de uno de ellos – Neil Armstrong – uno de los pocos exploradores del mundo contemporáneo del que podemos decir que ha adquirido fama y reconocimiento global.

Desde los inicios de nuestra civilización un puñado de grandes hombres se han responsabilizado de proporcionarnos nuevos conocimientos y ampliar nuestros horizontes, podríamos mencionar a Colón,  Magallanes, Elcano, Cook, Bougainville, La Perouse, Malaspina, Peary, Amundsen, Hilary entre otros. Ellos han delimitado los perfiles de nuestro universo cercano y personalmente creo que, entre este selecto grupo de exploradores, Armstrong se ha ganado un merecido lugar.

Reproducción de pisada en la luna - Pabellón de la Navegación

Reproducción de pisada lunar – Pab. de la Navegación

Si bien con el respaldo de un importante equipo de científicos e ingenieros que daban soporte técnico a su misión en el Apolo XI, fue Neil Armstrong y su tripulación los que tuvieron el mérito, o el privilegio, de hollar por primera vez nuestro satélite, cuando apenas ya quedan lugares en la tierra desconocidos para el hombre. Fue él el que arriesgó su vida, el que protagonizó el primer paseo lunar y el autor de las famosas palabras “Un pequeño paso para el hombre y un gran salto para la humanidad”.

Neil Armstrong, nacido el 5 de agosto de 1930 en Estados Unidos en el seno de una familia de clase media de origen alemán, apuntó desde pequeño sus habilidades en el medio aéreo y fue escalando brillantemente posiciones hasta convertirse en el primer ser humano en pisar la luna.

El pasado 25 de agosto de 2012 falleció a la edad de 82 años como resultado de las complicaciones de una enfermedad cardiovascular. Desde el Pabellón de la Navegación queremos rendir este humilde homenaje a su persona a la vez que expresar nuestro agradecimiento y reconocimiento por sus logros y aportaciones y por haber extendido los horizontes de la navegación, en este caso la navegación espacial, hasta los confines del universo.

Descubriendo la exposición permanente II – Francisco Manuel

Continuamos, con esta entrada, descubriendo la exposición permanente del Pabellón de la Navegación, y hoy nos fijamos en una efemérides que, si bien puede parecer el argumento de una superproducción norteamericana de dibujos animados, es tan real como la historia. Así lo atestigua un documento conservado en el Archivo de Indias que hoy cumple 419 años y que es la declaración de unos testigos sobre la solicitud de un tal Francisco Manuel para presentarse al examen de Piloto. Este examen es el que permitiría a aquel que lo aprobase, llevar el control efectivo de las naves que completaban la Carrera de Indias, lo que requería una formación amplia y reservada a las élites. Por eso, estos testigos tenían que acreditar el origen noble de la persona que iba a ser examinado, o al menos, la buena condición de su estirpe. En el caso de Francisco Manuel, esto iba a ser un tanto complicado, ya que era huérfano y no se le conocía pariente alguno, por lo que cabe preguntarse ¿cómo consigue llegar a presentar esta solicitud a la Casa de Contratación?

Francisco Manuel, más conocido en la sala 1 del Pabellón de la Navegación como ”el huérfano del Arenal”, era uno de tantos niños pobres y abandonados que vivían por el barrio del Arenal de Sevilla, prestando atención al trasiego de las naves que partían o llegaban a la ciudad que en el s. XVI capitalizaba el comercio con el Nuevo Mundo. Siendo muy pequeño, tuvo la suerte de cruzarse con Andrés de Paz, uno de los armadores más ricos y poderosos de Sevilla, que se fija en él y se lo lleva en uno de sus barcos apadrinándole y formándolo para que llegase a ser un “hombre de bien”.

La fortuna parece fijarse en Francisco y transformó su vida, que estaba destinada a sobrevivir mediante el pillaje y la delincuencia. ¿Quieres saber si consiguió su propósito? No dudes en venir a buscar estas huellas en la exposición permanente del Pabellón de la Navegación; ellas te conducirán al final de esta historia.

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